Foto taller Ana Lartitegui

Ayer martes 20 tuvimos el placer de asistir a una charla-taller impartida por Ana Lartitegui titulada «Veo-veo: libros para leer solo un poco».

La ponente nos habló del acercamiento a la lectura desde experiencias sensoriales, de la complejidad del libro álbum que en apariencia se nos presenta muchas veces ingénuo y sencillo.

De que el libro-álbum responde en su concepción a un planteamiento de lector concreto, por lo que muchos de ellos no se circunscriben a un lector de edad delimitada.

A que en este tipo de álbum todos los elementos interactuan para darle al lector esta experiencia sensorial, la cubierta, la contracubierta, el texto, la ilustración, el formato del libro… Todo contribuye a establecer un diálogo entre el libro y el autor.

Durante una hora pudimos disfrutar de una amena charla en la que se nos fueron revelando los distintos niveles de lectura que ofrecían los libros que ponía Ana Lartitegui de ejemplo.

Después, cada uno de los asistentes eligió al azar uno de los libros que la ponente había dispuesto en una mesa expositiva y procedió a hacer una lectura más pormenorizada del álbum elegido trascendiendo de la lectura por placer que proporcionan este tipo de libros cuando se ojean sus páginas por primera vez. Para hacer el ejercicio nos dió un método de lectura para acercarnos al libro-álbum acompañado de la selección de libros expuestos. Al método le llamó «lectura forense».

Taller Ana Lartitegui lectura-forense

El álbum que elegí fue El jardín de Babaï de Mandana Sabat (ed. Kókinos). Una elección al azar, supongo que motivada por la armonía de colores de la cubierta y porque poco a poco veía como cada vez iban quedando menos libros sobre la mesa. (El primer acercamiento al libro introspectivo, el segundo acercamiento pragmático). La elección fue mi primera experiencia sensorial con este álbum ilustrado.

jardin

Empecé a pasar las páginas (todo ello de forma ordenada, sin prisas, sin adelantarme al final). Fue fantástico, texto e ilustración se complementaban de tal forma que el discurso gráfico formaba en mi mente hipótesis sobre lo que sólo anunciaba brevemente el discurso narrativo. A continuación dejo un esquema de unas notas apresuradas que tomé en esta lectura:

. Cubierta: Árbol con un felino en la parte inferior que corre en dirección izquierda. Sobre el árbol un ave vuela en dirección derecha.

. Pág. de cortesía: en caligrafía ¿árabe? con el índice de capítulos. En la parte superior izquierda aparece un león. En la parte inferior derecha aparece un cervatillo. De momento mi pensamiento va a las fábulas de Calila e Dimna.

. Pág. de créditos: Oveja cuya cuerpo velloso asemeja un ornamento floral similar a los que aparecen en las capitulares de los libros.

. Portada: Bajo el título, autor y editorial, aparece una utilísima ayuda al lector que resuelve todo los visto en las páginas anteriores. Me indica que el libro, escrito en castellano, tiene el texto paralelo en persa en páginas alternas, y me cuenta donde tengo el índice en castellano, en persa (V. pág. de cortesía) y la traducción. Ahora comprendo el motivo que ilustra la lana de la oveja. Veo que no es árabe sino persa -me sitúo en el espacio-. También comprendo la no aparición de figuras antropomorfas. También comprendo mi evocación del Calila e Dimna.

. Pág. 4 y 5: Aparece la oveja sobre las arenas sinuosas del desierto diciendo que le gustaría que el paisaje fuera distinto. Veo que BabaÏ es la oveja protagonista de la historia y que el ilustrador ya me había presentado en la portada.

. Pág. 5 y 6: Dos páginas monocromas en amarillo claro muy suave (me produce la sensación de haber entrado en otro plano). El texto lo confirma: A Babaï le gustaría que hubiera agua, sol y tierra. (Estoy en el pensamiento de Babaï).

. Pág. 6 y 7: La ilustración muestra un sol, un río con peces y una alfombra de tonos rojizos en contraste con la arena del desierto y que me devuelve una imagen interior de una tierra arcillosa y fértil. Comienza el constructo.

. Pág. ….: Así podría seguir hasta el final del libro. La estructura de las páginas ordena cada vez más mis ideas sobre la historia, el entorno y la situación donde me muevo. A dos páginas en el plano real, le siguen dos páginas en el plano ínterior (incluso onírico) de Babaï. Aparecen nuevos elementos figurativos que despejan, unas veces, complementan otras, las líneas del texto.

. Cómo no podía ser de otra forma, la imagen final es un tapiz oriental de la creación del mundo donde Babaï está en el centro con los ojos cerrados (la primera vez que aparece así). Babaï ha terminado su obra, el libro ha acabado. (Feedback: los adornos florales de los animales son los adornos del tapiz).

. Pág. 32: Traducción del texto e índice: Vuelven otra vez la figura del león en la parte superior y la del cervatillo en la parte inferior. Esta vez se invierten, respecto a la página de cortesía. El león a la derecha y el cervatillo a la izquierda.

. Cierro el libro, veo la contracubierta: aparece el árbol, el felino y el ave de la tapa del libro, pero esta vez la disposición es distinta: ambos animales están en la misma posición que antes más ahora en actitud quieta, relajada, en armonía, en paz.

Nada es casual, nada es irrelevante en el libro. En la narración gráfica metonimia y sinécdoque se conjugan (al principio y al final). Se cierra el ciclo.

babaiEl jardín de Babaï

Ah, antes de cerrar este cuaderno de viaje me gustaría destacar también otro elemento no periliterario pues es ajeno ya al autor de la obra, pero sí integrante del libro como objeto y que resulta revelador de la voluntad del poseedor del libro: Ana Lartitegui. Hablo del ex-libris que aparece sellado en la parte superior izquierda de la contracubierta en el que se ve un búho sobre un libro delante de una ventana en arco que me recuerda a un monasterio con una lema inscrito en el que se lee en letra capital gótica una frase de Santo Tomás de Aquino «Timeo hominem unius libri» (Temo al hombre de un sólo libro).

Dejo las conclusiones para el lector.

Cuaderno de viaje (Laura Fontova)